#TodosSomosTrump

#TodosSomosTrump
 
Ahí voy: A mí, lo que más me sorprende es esta terrible y sorpresiva indignación ante el racismo de Trump. Esta polarización donde uno es el malo, la peor porquería del mundo, y nosotros los buenos. Ojo, absolutamente no estoy defendiendo las posturas de este tipo, sólo insisto que hay cosas más cercanas que siempre decidimos no ver. Por ejemplo, hace unos días me hicieron una entrevista en Aristegui online donde me atreví (¡Dios!) a defender el reggaeton como una forma en que la banda encuentra identidad y que tiene méritos artísticos y que canaliza la rabia de jóvenes ignorados, y ¡verga! con más de 300 comentarios racistas y culeros despotricaron contra de los pinches “nacos” “incultos” “basuras” “escorias” “malparidos” reggaetoneros.
 
 
Revisen en este link los comentarios de un público de “izquierdas” supuestamente liberar e intelectual que habla de matar a los reguetoneros, que piensa que solo la gente culta y que estudia merece un lugar en el mundo.
 
México es un país profundamente racista y clasista y culero: a mi en la secundaría no me bajaban de negro naco indio.
 
Naco es una palabra tan usada por todos. ¿Cuantos de ustedes no la usan?
 
Yo, sin validar a Trump ni descalificar la rabia que el mundo siente contra él, pediría que fuéramos consecuentes. Que para tener cara para hablar contra ese señor habría que voltear a vernos a nosotros; ver lo racistas y culeros e intolerantes que somos con los que no tienen nuestras condiciones, con los que piensan diferente, contra las mujeres y gays y reguetoneros y granaderos y americanistas y contra cualquier cosa distinta al status quo intelectual mamón clase mediera u alta o lo que sea que es el satus quo mexicano.
 
Yo mismo no me salvo de esto: yo también soy intolerante con la gente que “no tiene mis refinados gustos” o “mis apreciaciones estéticas”: yo también juzgo a las personas por como se visten, o por si son fresas y de las lomas y de “seguro son unos pendejos riquillos” o por si le sgusta Carlos Cuauhtemoc Sanches o Paulo Cohelo. Yo también insulté en las marchas de mi adolescencia a los granaderos por no “haber ido a la escuela” .
 
Trump (sin estarlo defendiendo, por Dios), al menos se atreve a decir públicamente lo que otros sólo hacemos en comentarios de facebook, o en nuestras mentes. Él está poniendo afuera lo que está adentro. ÉL está dejándonos ver nuestra sombra. Él, que fue votado por esos nacos gringos que todo el mundo discrimina por su incultura y falta de refinamiento llamados “rednecks”. Esos gueyes que todavía ahora todo el mundo insulta por ser pendejos y votar a Trump. Los que han sido despreciados por los neoliberales y por los intelectuales gringos; los que, para ellos, no deberían ni de existir.
 
Si toda tu vida te dicen que eres un pendejo y que en lo que crees es una pendejada. ¿No vas a apoyar al primer loco que te diga que no?
 
Hasta que no aprendamos a ver lo mierdas que somos, y que esto en lo que nos hemos metidos es responsabilidad de todos, nada va a cambiar.
 
Les pido, si ya llegaron hasta acá, que usen los comentarios para escribir todas las veces que han sido racistas o clasistas o que simplemente han despreciado a alguien por no pensar como ustedes. O, si creen que son tan intachables, que cuenten las veces que han usado la palabra naco.
 
#Todossomostrump o lo hemos sido, a nuestra pequeña escala, sin poder ni riquezas ni gente que nos siga…

2 Comentarios

  1. Ale 8 febrero 2017 en 10:44 am #

    Absolutamente tocayo: el mal de nuestros tiempo y, en realidad, de todos los tiempos, es ver el mal en los otros y no en nosotros. Pero si empezamos por ahí, hay, creo, esperanzas.

  2. Alejandro 7 febrero 2017 en 7:28 pm #

    Hace una semana un hombre llegó a la colonia, tocando puertas para pedir que alguien por piedad le diera algo de dinero, con la historia de que acababa de morir un familiar y estaban todos en su hogar tratando de reunir fondos para los gastos relacionados con el servicio funerario. Los vecinos comenzaron a llamarse por teléfono unos a otros para “advertir que había llegado un señor de fuera para pedir dinero”. En cada casa donde alguien tenía la cortesía de abrir la puerta, se le preguntaba al individuo: “¿y usted de dónde viene?” “¿quién es su familia?” “a ver, señale con el dedo donde dice usted que vive”.
    “Ya estamos hartos de que venga gente de fuera. Ese señor ni es de aquí, que se vaya por donde vino”, se escuchaba decir en esas conversaciones telefónicas. Sólo pude pensar en lo miserables que somos para no darnos cuenta de que tratamos al ser humano con el mismo desprecio que nos enfurece que se le aplique a nuestro paisano que vive en el extranjero. “Bola de hipócritas”, pensé, “más temprano en el día la misma gente que le hace el feo a este hombre solamente por haber cometido el pecado de no ser de la colonia, estaba, como de costumbre despotricando contra el racismo de Trump en las pláticas de verdulería, peluquería y hasta consultorio médico”.

    Luego del episodio pensé también en la estupidez del “consume local”, que promueve un sentimiento, más que patriótico, nacionalista.

    No soy la persona más correcta del mundo; ya no recuerdo cuántas veces he usado la palabra “naco”, pero seguro lo he hecho. Sin embargo, tengo la resolución de mejorar, quiero extender la mano a cualquier ser humano que necesite de mí, porque aunque todos somos diferentes, valemos lo mismo.

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