Tres años y medio de ser papá, dos poemas y una serie de fotos

Escribe mientras duele, pienso, y entonces empiezo a escribir. Por que en este momento me duele. Por que me acuerdo de hace como cuatro años, cuando Lydia estaba embarazada. Yo estaba deambulando por ahí, en alguna avenidita de esas bien mamilas con un montón de tiendas y aparadores. Me sentía mal. Por adentro, no por afuera. De esas veces que la tristeza te alcanza y te empiezas a sentir lento y pesado y absolutamente triste y deprimido.

Entonces me metí a un café. Pedí  algo y me puse a escribir un poema: de lo que me empujaba hacía abajo: del miedo que me estaba tragando. El miedo a no ser un buen papá y llenar a mi hijo de cosas que no le tocaban, de cosas que no fueran parte de su propia historia y sí de la mía. En resumen: miedo a pasarle mis miedos, mis viejos dolores, mi heridas y las cosas que no he podido curar ni resolver, todavía.

Esto es lo que le escribí

Cuando mi hijo nazca no quiero ensenarle nada
no voy a soplar sobre su cabeza
no voy a llenar de vaho sus ojos
no voy a encajar palabras en sus uñas
ni voy a atascar sus puños con mis ideas

Cuando mi hijo nazca no quiero enseñarle este dolor:
la palma apretada sobre los terrones de culpa
los barandales a los que
me he agarrado tantos días
para no caerme,
los viejos barandales de las ideas,
los torcidos fierros de la salvación

No quiero que me hijo vea el mundo con mi miedo
con el miedo de sus abuelos
con el miedo de mis abuelos
con el miedo de decenas de generaciones
saltando a los cuerpos de sus hijos
de los hijos de sus hijos
el miedo de generaciones y generaciones encerradas
forcejeando
Puliendo las ideas que escogieron
para que sigan brillando
como la primera vez que las descubrieron
como manuales indestructibles
contra lo desconocido:
panfletos de dientes apretados
libros ciegos escritos por mendigos
sutras de diamantes

tallando canales en las Almas

Cuando mi hijo nazca
Y crezca un poco
Y pueda hablar
No quiero enseñarle nada de lo que aprendí
No quiero llenar sus ojos de moho
No quiero soplar vaho sobre su cabeza
No quiero que sienta el viejo dolor de su familia
Quiero hacerme a un lado
quiero que urge
Que arranque los carteles de las paredes
Que encuentre su propio dolor

Quiero amarlo sin ideas
Sin enseñarles nada
Y el miedo sigue ahí, todavía, ahora que tengo 3 años y medio de ser papá. Y seguro en este tiempo lo he cargado de más cosas de las que debería. Aún así, hay algo más que la mayoría de los días le gana al miedo, una historia que dice otra cosa, otro poema, en fotos:

 

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Y aquí el otro poema. Este lo escribí unos días después del anterior.

Quiero colgarle un collar de ternura
escarbar en la palma de sus manos
y esconderle un Rosario de poemas

Quiero abrazarlo con una colcha negra
y dejar que el misterio de la felpa abra canales
transparentes en su cuerpo
y lo llenen de canciones de cuna infinitas
de avenidas largas tapizadas de secretos

Quiero decirle
antes de venir al mundo de los surtas
y la tristeza
que no puedo esperar para llenarle
los brazos de besos
para acostarlo sobre mi
Y cuando llore ver como el humo de nuestro amor
lo arrulla
Como le canta canciones tibias
a cada una de sus células