Ayuda para terminar un cuento de zombis

Hace algunos meses empecé a escribir este cuento. Tiene cosas que me gustan, pero definitivamente no está  no está terminado. Se trata de un zombi enamorado que de pronto siente asco por la carne humana. Lo malo es que la chica-zombi por la que suspira odia a esa nueva corriente de zombis-hippies-vegetarianos que intentan construir un nuevo mundo. En pocas palabras ese es conflicto. Lo que me gusta, y me parece es el corazón del cuento, es cómo a veces nos aferramos a algo, a una chica a un ideal, a una deseo, y con tal de encajar ahí nos alejamos de nosotros mismos; apretamos y apretamos para embonar pero…. ahhhgg, es imposible deformarnos tanto y el cuerpo empieza a rechinar y a gruñir y a quejarse, pero nosotros estamos ciegos y seguimos empujando…

La propuesta, y para hacerla es que me he aventado todo el párrafo de aquí arriba, es que me ayuden a terminarlo. ¡Estoy buscando un coautor para este cuento! Sí creen que puede salir algo bueno de este borrador, los invito a que lo terminen, modifiquen, añadan párrafos, personajes, o lo que se les ocurra y peguen su versión del cuento terminado aquí abajo en los comentarios. Por supuesto, si les gusta el resultado final, el cuento será de los dos, la mitad mio y la otra mitad del nuevo escritor. ¡al final tendremos un montón de cuentos de zombis, todos generados a partir de unas cuentas líneas! Si quieren cambiar el estilo, el tono, el idioma o lo que sea, háganlo. Al final pueden quedarse con el cuento e incluirlo en cualquier cosa que estén haciendo, o publicarlo en su blog, siempre que me den el crédito d ela mitad de la chamba. Yo escogeré uno de los textos para un proyecto de un libro de cuentos y, obviamente, aparecerá ahí el nombre del coautor.

Sí de plano creen que esta idea está de hueva o que el texto no vale mucho la pena, igual pueden dejarme cualquier comentario, crítica o lo que sea.

¿Cómo ven, suena interesante? ¡Ayúdenme a terminarlo!

Por cierto, antes de que lean el cuento, aprovecho para invitarlos a usar PunchTab. ¿Y qué chingados es eso, me dirán? Pues es el pequeño listo rojo que ven desplegarse en la parte inferior izquierda de este blog y que dice “rewards”. Se trata de un programa para recompensar a los lectores de mi blog y a la gente que interactuan en el Diario de un chico trabajador. A partir de ahora, por cada vez que visiten el sitio, o dejen un comentario, o tuiteen un post o compartan un artículo en Facebook, PunchTab les dará puntos, (100 por cada cosa, más o manos). Al llegar a cierto numero de puntos, ganarán automáticamente un regalo, pequeño tal vez, pero un regalo (una tarjeta de 15 dólares de amazon o best buy o algo parecido – los premios varian mes con mes-). Poco a poco iré mejorando los premios así que, no sean gachos y dejen sus comentarios y den click a donde quiera que vean, dentro del post, el listón rojo, y de paso, gánense unos buenos puntachos.

Óra sí, ahí va el cuento.

 

DIETA

 

No, no se trata de eso.

No es que me uniera  a uno de esos grupos de New Age que reniegan de sí mismos.

No. Para nada.

Con esto no quiero cambiar el mundo, ni protestar contra nada, ni renegar de mi propia naturaleza.

Lo digo en serio.

Sólo es algo que me ocurrió.

Una noche después de salir a buscar comida.

Esa vez conseguimos a un tipo calvo y lleno de grasa que iba con su hija, una flaquita de trenzas rubias.

Mientras comíamos, Vivian y yo estábamos hablando un poco del amor, y un poco burlándonos de esos idiotas que intentan cambiar y que pretenden volverse mejores zombis, más compasivos y dejar de comer carne humana, cuando, al morder un trozo del pulmón de la niña de trenzas, sentí un profundo asco.

¡Ahhggg! ¡Nunca había probado algo así! Los pulmones siempre habían sido mis piezas favoritas y ahora, de la nada, me sabían peor que esas horribles comidas que esos hippies New zombis preparan con vegetales para imitar la carne humana.

Peor que eso, mucho peor.

Y vomité. Y Vivian se me quedó viendo estupefacta. No lo podía creer. Se rió de mí. Me empezó a molestar, me decía: “¡Hippie, hippie, pronto terminarás pastando  como todo esas vacas estúpidas, jajaja!”.

Me sentí muy mal. Desde hace mucho Vivian me gustaba (su precioso ojo azul colgándole hasta su mejilla perfecta, los pedazos casi violetas de esternón que se le salían del vientre, los dientes negros, cafés, rojos, maravillosamente podridos). Y siempre que podía trataba de impresionarla.

Una vez, tan sólo para demostrarle lo fuerte que era, capturé a tres inmensos cuatrillizos, y para cuando ella había llegado al lugar donde la cité, ya les había abierto el cráneo y dispuestos su cerebros para que la delicada Vivian los comiera sin la lata de tener que quebrarles el cráneo (a veces, cuando a uno se le hace agua la boca, es desesperante no tener a la mano ninguno de esos instrumentos especiales para la tarea).

 

Así que ahora estoy en una encrucijada.

He tenido que alejarme de Vivian.

Al principio, luego de la primer experiencia con mi cambio de gusto, intenté fingir que el sabor me seguía resultando bueno.

Cuando comíamos juntos actuaba como si me llevara a la boca el manjar más exquisito.

Lo logré durante unos días.

Pero, vahhh, no pude hacerlo muy bien. ¡El sabor era realmente insoportable!

Vivian se dio cuenta, se burló, me dijo que era un estúpido y se fue con una de esas pandillas de locos motorizados, porque, según ella, ellos si eran verdaderos zombis.

Yo me he quedado en medio de todo. Solo.

Extraño a Vivian. Pensé que juntos, algún día,  talvez podríamos formar una familia.

Estoy desesperado.

A veces (debo confesarlo), me siento tan sólo y hambriento que me aproximo tímidamente, sin atreverme a acercar demasiado, a los campamentos de esos nuevos zombies que quieren cambiar el mundo; los observo sorprendido, veo su cabello cayéndoles hasta los hombros, sus caras ligeras, sonrientes, llenas de sueños.